Dadme Educación y cambiaré el Mundo

Hay algo primitivo en ir a la playa. Nuestros ancestros ya se acercaban a las orillas del pasado, las mismas que hoy destruimos, para observar la línea del horizonte y especular sobre que podría haber más allá. Jugaban a escapar de las olas que rompían en la orilla y sus arenas  recogían sus huellas descalzas.

Hoy ya sabemos que hay en la línea del horizonte: basura.

bioagradables-taller4.2Arquímedes dijo: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Esa palanca que articule los cambios, la única capaz de cambiar el destino de los pueblos y sus gentes, no es otra que la educación. Pero el futuro se construye en el presente. Nosotros somos probablemente la primera generación que creció con una educación ambiental más o menos institucionalizada. Fuimos los primeros que un día sorprendimos a nuestros mayores diciéndoles que había que reciclar, apagar las luces o cerrar el grifo. La cada vez mayor concienciación ambiental es prueba de ello. El ciudadano medio cada vez sabe más y tiene elementos de juicio para exigir a la autoridad que el patrimonio natural propiedad de todos no se considere una mera mercancía más con la que especular.

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Tanto los adolescentes…

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…como los más peques.

¿Pero cómo educar sin adoctrinar aunque el fin sea tan licito y el problema tan serio como el del futuro del planeta?. Por fortuna o por desgracia, la realidad se impone. No hace falta ir muy lejos para observar agresiones al planeta. Quizás la más llamativa sea la acumulación de residuos en bosques, ríos o playas. Por lo tanto, simplemente es cuestión de señalar ese problema tan visible pero que a menudo pasa desapercibido por encontrarse en lugares a los que la población se dirige en busca de ocio. Todos los niños, por desgracia, han visto el mar o la playa con alguna clase de desperdicio humano. Y saben a qué es debido y por lo tanto como evitarlo. Y como ellos, sus mayores. Entonces ¿por qué la gente se desentiende?. Presumiblemente porque desconocen las consecuencias de sus actos cotidianos. Arrojar lo que ya no nos sirve al profundo mar o enterrarlo en la arena es lo mismo que barrer el polvo debajo de la alfombra, nos auto engañamos pensando que el problema está resuelto, que ya no está ahí y como la solución rápida y aparentemente eficaz nos satisface, repetimos la operación una y otra vez hasta que llegan los problemas. Del mismo modo que todos los niños han visto alguna vez residuos en la costa, todos han visto aunque sea en la televisión un delfín o una tortuga marina, seguramente los animales más carismáticos del azul. Lo que no han visto es las consecuencias que nuestros actos tienen sobre estos simpáticos animales que tanto les gustan. Cuando los escolares ven una tortuga con una bolsa de plástico en la cabeza o un delfín enredado en una red y ahogado, un resorte salta en su interior a menudo sin que ellos sean conscientes de ello. Ese  cambio puede quedar latente en su interior durante años pero cuando crezcan, recordaran esa tortuga y ese delfín y sus actos estarán dirigidos a evitar el sufrimiento de esos animales con lo que el ecosistema donde viven estará un poco más seguro.

Por lo tanto, desde Bioagradables no creemos que la educación ambiental deba basarse en: “esto se hace, y esto no se hace”, ”debéis hacer esto o lo otro”. A nadie le gusta que le digan lo que debe hacer. Optamos por señalar el problema, sus causas y consecuencias y eso basta para que al menos uno sólo de los niños que escuchan se convierta en un conservacionista que les diga a sus padres que el cigarro no se apaga y se entierra en la arena.

CMT

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TODOS atienden cuando la explicación les es interesante y amena.

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